Comments to article «The filmic thinking» by Anna Segura

[Text in Spanish]: Muchísimas gracias por tu artículo, al que le debo haberme hecho la siguiente pregunta:

¿Qué le pasaría al psicoanálisis si renunciara al ideal de pasarlo todo por la palabra? ¿Y para qué tendría que hacerlo? Los analistas, pero especialmente los de inspiración lacaniana, estamos tan habituados a pretender que el inconsciente es algo que se escucha, que nos podemos encontrar en la situación de aquel borrachín que buscaba su llave alrededor de la farola, no porque se le hubiera caído allí sino porque allí había luz, en vez de acostumbrar sus ojos a la oscuridad para poder hallarla donde efectivamente la había perdido. Para nosotros, la palabra es la luz, aunque tú muy bien señalas que no todos los pacientes son verbales y abundan los que no piensan con palabras sino que ven películas. Esto me lo enseñó un paciente al que, en lugar de preguntarle ¿qué piensas?, un día le pregunté ¿qué ves? Me desplegó toda una dimensión de su experiencia hasta entonces inédita en su análisis.

Coincido plenamente contigo en que existe una manera mental de procesar, que no es mediante palabras ni ideas naturalmente expresables en palabras. Tampoco se trata obligatoriamente de escenas traumáticas, de esas aparentemente desactivadas pero eficaces y prestas aunque sea a regañadientes a ser transformadas en recuerdos mediante la elaboración verbal. Pensamiento no es lo mismo que lenguaje, como tú dices. A esto habría que agregar que el pensamiento tampoco es subsidiario del lenguaje y que afortunadamente aquella concepción whorfiana que hacía depender la cosmovisión de la gramática, y que le descubría tantos nombres a la nieve de los esquimales, está ya seriamente cuestionada. Preguntarse en qué habla la mente, pregunta en la que yo mismo he incurrido en esta misma revista, induce a confusión. La mente piensa o siente o razona o calcula o cree o descree pero no habla. El que habla es el ser humano, que es algo más, aunque sea poco más, que una mente, o que es sólo una mente, pero en la que se incluye al habla y al pensamiento como dos áreas diferentes. El lenguaje, rasgo especial de lo humano, es el colector digital simbolizante de todas las modalidades de la experiencia, que puede ser tan variada como lo son los sentidos, pero bajo régimen analógico. Con lo sensorial, el psicoanálisis no ha tenido mayores dificultades, supongo que gracias a la relación intuitivamente más obvia entre la emoción y la sensación. Lo visual es más complicado; existen grandes pensadores visuales, como Einstein a quien tu citas, quien se veía cabalgando rayos de luz mientras giraba la cabeza para mirar al reloj, y mucha gente debe su buena ortografía al hecho de poder ver escritas las palabras en su mente. […]

Nota

1. Segura, A. (1999). «El pensamiento fílmico». Intercambios, papeles de psicoanálisis. Nº 2.

Guillermo Mattioli
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