In memoriam – Javier de Juan

[Text in Spanish]: A mi amigo Javier de Juan

Conocí a Javier en el primer curso de universidad, ambos cursábamos la carrera de psicología en los barracones de la UB, delante del comedor. Asistíamos a la construcción del edificio que iba a ser la Facultad de Geografía e Historia y donde se pretendía ubicar la Facultad de Psicología. En construcción como lo estábamos nosotros, aunque Javier estaba ya entonces mucho más seguro que todos nosotros del camino que iba a emprender.

No recuerdo si él se acercó a mi o yo a él, seguramente esto último, atraída por su buen hacer, su dicción y, entonces tan jóvenes, su enorme cordialidad y educación, Javier ya era un «caballero». Seguramente coincidimos en las pocas clases de los entonces ya pocos psicoanalistas docentes, siempre eran —¡como no!— a las 8 de la mañana. Nos reíamos y coincidíamos que quizás ese horario era para grupos «minoritarios» o para forzar una pronta «deserción». Nos sentíamos en minoría y era así, asistíamos muy pocos a esas clases, pero los suficientes para crear un grupo de trabajo y de estudio cada vez más motivados por aquello que los docentes nos descubrían: Freud, M. Klein, Lacan, Bion… Fueron clases con el estimadísimo Pere Folch, Bassols, Víctor Hernández, Nouhad Dow y algún otro. Ambos íbamos a esas clases, él por pura convicción y conocimiento de lo que ocupó gran parte de su vida: el psicoanálisis. Yo, atraída por lo que él me explicaba, me transmitía, por como me animaba a seguir con el psicoanálisis, su pasión ya entonces. Tuve esa gran suerte: conocerle y compartir con él su pasión durante esos jóvenes años que se convirtieron en muchos más.

Más adelante, ambos realizamos la asignatura de Dinámica de grupos con el Dr. Montserrat y coincidimos en seguir la formación con él al finalizar la carrera durante dos años más. Fue una experiencia muy enriquecedora en un grupo de formación, T-Group. A partir de ahí fue donde seguimos encontrándonos fuera del ambiente universitario y continuamos nuestra amistad.

Gracias a él conocí a mi primer analista. Compartimos, de nuevo, esa magnífica experiencia. De él me dijo: «es muy buen profesional, pero además es una buena persona», y eso me pareció la mejor manera de señalarme el camino; fue otro regalo que me hizo Javier que por suerte llegué a reconocérselo. Recuerdo esas palabras ahora, porque Javier fue siempre una buena persona, cuidadoso con las personas y muy afectuoso.

Tenía una vida llena de libros, de estudio, de psicoanálisis, su pasión, única hasta que conoció a su esposa, Magdalena, que le acompañó en todos los momentos de su vida y de quien él se mostraba un «ferviente admirador».

Quería abarcar todo el conocimiento posible sobre el mundo interno. Mundo interno que era su mundo, y su esposa, y sus amigos a los que abrían ambos su casa con toda la ilusión. Javier quería transmitir y ofrecer a los demás su conocimiento y creo que eso le llevó a una búsqueda continua de un lugar «psicoanalítico» donde ofrecerse; era todo generosidad y así se expresaba. Necesitaba ofrecer sus conocimientos, su estudio, su pensamiento, y era tal su deseo de compartir con el otro que a veces no se podía abarcar todo lo que él era capaz de transmitir. Tuve la suerte de que participara, hace unos pocos años, en un grupo muy «amigable» con el Dr. Víctor Hernández, el tiempo que estuvo con nosotros fue muy rico para todos.

Con su muerte hemos perdido un buen profesional, un gran estudioso de aquello que más nos une, el psicoanálisis, pero también una muy buena persona, afable, cordial y muy generoso. Un buen amigo.

Marta Lleonart
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