«Oedipus in literature and cinema. Kafka and Pasolini. Psychoanalytic Study» by Eduardo Braier

[Text in Spanish]: Entrevistamos a Eduardo Braier para que nos presente su artículo «Edipo en la literatura y el cine. Kafka y Pasolini. Estudio psicoanalítico», co-premiado en el IV premio Àngel Garma al mejor trabajo de psicoanálisis:

Querido Eduardo, para empezar, ya que se trata del premio citado, quisiera nos hablases someramente de Ángel Garma, especialmente tu vinculación con él y/o con su obra.

Desde que comencé mi formación psicoanalítica en Buenos Aires, a finales de los ‘60, fui tomando contacto con las fecundas ideas de Garma. Quienes fueron mis más importantes analistas, así como varios de mis maestros y supervisores, tenían un estrecho contacto con él y sus teorías. Se podría decir que eran garmianos.

En ocasión de ingresar a la A. P. A. quise hacer el análisis didáctico con Garma. Lo esperé tres años hasta que pudiera disponer de las horas necesarias para ello. No pudo ser, porque su estado de salud empeoró. Finalmente realicé mi análisis con Elizabeth Goode de Garma, su esposa, conocida como Betty Garma. Betty, pionera del análisis de niños en América Latina, compartía las teorías de su marido, con el que había firmado algunos trabajos conjuntamente.
Felizmente me fue muy bien en mi análisis con ella.

Por otro lado, escuché varias disertaciones de Garma y fui alumno suyo de seminarios durante mi formación en la A. P. A. Además conozco casi toda su obra escrita.

Volviendo a Betty Garma, muchos años después de mi análisis y habiéndome radicado en Barcelona, forjamos una amistad entrañable, al igual que con Carmen Garma, hija de Ángel y Betty, también analista y miembro de A. P. A.
Betty llegó a contarme cómo fueron los últimos momentos de su querido esposo, a quien ella cuidó como nadie.

Dada mi relación personal con los Garma y su enorme influencia en mi formación profesional, ganar el premio “Ángel Garma” ha tenido, como comprenderás, un significado, sobre todo a nivel afectivo, muy especial para mí.

¿Te aportó algo de novedoso en tu formación y en la actualidad como psicoanalista?

Por supuesto. He incorporado varias de sus teorías a mi esquema referencial y me he apoyado en algunas para desarrollar hipótesis personales.
De entre los muchos temas que Garma abordó, destacaría al menos dos de ellos que me marcaron para siempre:

  1. El énfasis puesto en el análisis del conflicto entre el yo y el superyó, que él investigó y trabajó profundamente, con su repercusión en la clínica y en la técnica.
    Siendo muy freudiano, Garma debió haber tomado muy en serio aquello que dijera Freud (1923) en cuanto a que el superyó constituye el principal factor patógeno. Consideraba especialmente importante como meta teórica del análisis de las neurosis que el yo del analizando pudiera superar su sometimiento masoquista al superyó sádico. (Véanse, por ejemplo, “Las neurosis obsesivas”, de su libro Sadismo y masoquismo en la conducta humana, “Reacciones maníacas: alegría masoquista del yo por el triunfo mediante engaños delsuperyó”).
    Esta línea teórica estimuló mis propias teorizaciones acerca de la acción desidentificatoria que puede alcanzar el tratamiento psicoanalítico, en cuanto a contribuir a un cambio estructural cualitativo y cuantitativo en el superyó y el yo del analizando.
  2. Es de cita obligada la notable hipótesis garmiana acerca de la génesis traumática de los sueños (que desarrolló en varios textos sobre psicoanálisis de los sueños). Se diferencia de la teoría freudiana del sueño como tentativa de cumplimiento alucinatorio de deseos, pero en parte es compatible con ella y la complementa.
    En mi práctica psicoanalítica compruebo una y otra vez que a menudo los sueños de nuestros analizandos aparecen como un enmascaramiento de situaciones traumáticas, a los fines de hacer posible el reposo al dormir.

Pero además, y esto como desarrollo personal, inspirándome en esta hipótesis del maestro vasco, he llegado a exponer en el último de mis libros (Hacer camino con Freud, 2009) la concepción de que no solo durante el sueño sino también en vigilia, esto es, a lo largo de toda la vida psíquica del sujeto, es dable concebir que el funcionamiento del aparato psíquico pueda estar motorizado no solo por el deseo, como lo postulan Freud y Lacan, sino por la activación del trauma psíquico básico del desvalimiento, siguiendo el camino antes abierto por César y Sara Botella.

Es interesante cómo desarrollas el filicidio en Edipo Rey, si hasta ahora se habla poco de él, y apenas se le considera en el Complejo de Edipo, ¿puedes explicar un poco más cómo lo completa desde tu punto de vista?

Sabido es que el papel de los padres o sustitutos (las funciones parentales) ocupa un lugar de fundamental importancia en las series complementarias de todo sujeto. Siguiendo a Arnaldo Rascovsky (que se analizó con Garma, dicho sea de paso), el filicidio atenuado, de observación sumamente frecuente en la clínica psicoanalítica y que se exterioriza en el abandono o negligencia parentales, así como en las diversas formas de maltrato físico y/o psicológico ejercido sobre los hijos, genera una serie de trastornos en estos que afectan, a menudo gravemente, su organización psíquica.
Pero continuamos bajo el dominio de un absolutismo parricida que encubre el filicidio, de hecho más frecuente que el parricidio.

En lo que atañe al complejo de Edipo en especial: como tú dices, la teoría del filicidio lo completa o complementa en lo que a su comprensión se refiere, pero no es menos cierto que conmueve los cimientos de la versión freudiana. Implica una reformulación del complejo, en el que el filicidio (las tendencias filicidas) antecede(n) al parricidio (tendencias parricidas). Freud “no vio” el filicidio, centrándose en el parricidio. Por supuesto que las tendencias parricidas se han de presentar inexorablemente, ya que el padre se convertirá en un momento dado del desarrollo, parafraseando al Freud traducido al castellano, en “un molesto rival para el infantil sujeto”.

Pero la cuestión no se limita a esto. Veamos.
Entre las tantas relaciones entre complejo de Edipo (parricidio e incesto) y filicidio que pueden apreciarse en la práctica psicoanalítica, cabe mencionar:

  1. La activación del complejo de Edipo en los progenitores y sus efectos filicidas. Para el padre, pongamos por caso, con frecuencia el hijo representa en su inconsciente al propio padre rival, que viene a arrebatarle la mujer-madre amada, lo que puede desencadenar conductas agresivas de diverso calibre. Las fantasías o actos filicidas de ese padre encierran a la vez sus tendencias parricidas, por lo cual, como vemos, las problemáticas se encuentran muy imbricadas. A la rivalidad se suma, según Rascovsky, la envidia oral frente al niño recién nacido, todo lo cual se pone de manifiesto en el notable filme de Pasolini “Edipo Rey” que, como señalo en mi trabajo, contiene elementos autobiográficos del gran director y escritor italiano.
    Según el pensamiento socio-antropológico predominante, el rasgo que caracteriza el pasaje de naturaleza a sociedad parece estar constituido por la prohibición del incesto. (Levi-Strauss, Las estructuras elementales del parentesco). Con relación a ello, la hipótesis de Rascovsky es que además el filicidio (total o atenuado) tiene como finalidad perpetuar la prohibición del incesto. De ello habría surgido el sacrificio humano de los hijos, que luego se institucionalizó a través de los sistemas religiosos o estatales. De este modo el concepto del filicidio viene a añadir una nueva dimensión al complejo edípico.
  2. La agresión al hijo puede generar un superyó patológico, particularmente sádico y una persecución internalizada.
  3. La agresión al hijo puede generar además una identificación con el agresor, la que perpetúa en los hijos de este la conducta filicida.
  4. La exclusiva interpretación psicoanalítica del parricidio como agresión primaria y desplazada transferencialmente contra el analista, sin toda la concomitante causalidad previa, sería iatrogénica e incidiría en la prolongación infructosa de los tratamientos, sometiendo al paciente dentro del mismo patrón filicida que le impusieron sus padres. El terapeuta seguiría negando sus propios impulsos filicidas (pacienticidas), reactivados en la contratransferencia y proyectándolos, con la correspondiente carga culpígena sobre el -otra vez- indefenso paciente-niño.
El símbolo, energizado por la metáfora transporta, no una mera idea del infinito sino cierta comprensión de éste. ¿Crees que cuando desarrollas tu análisis del filicidio en el Complejo de Edipo buscas esta comprensión universal del símbolo? Y si es así, ¿Crees que complementa y enriquece la estructura del Complejo de Edipo?. ¿Cómo lo complementa en la comprensión del mito en el analizando?

No sé si comprendo bien esta pregunta, ya que en su parte final encuentro una coincidencia con la inmediata anterior. Por ello me centraré más bien en la primera parte para intentar responderte.
Los analistas solemos considerar que los mitos son los sueños universales de la humanidad, que de este modo expresa no solo sus deseos sino también sus conflictos inconscientes. Mi modesta opinión es que el mito de Edipo debería ser válido también para reconocer la existencia de tendencias filicidas en la especie humana (ostensible y brutalmente representadas en las conductas de Layo y Yocasta), lo cual pasó olímpicamente desapercibido para Freud y buena parte de los psicoanalistas.
Según Levi-Strauss, la reiteración de conductas filicidas en la mitología de todas las culturas revela la antigüedad, la universalidad, la intensidad y la constancia del conflicto ambivalente en la relación entre padres e hijos.

J. Campbell nos dice que la vida de una mitología surge y depende del valor metafórico de sus símbolos pues éstos transmiten más que un mero concepto intelectual, pues sus características profundas nos proporcionan un sentimiento de participación real en la comprensión de la trascendencia. ¿Crees que en El Proceso, abordar el texto como el contenido manifiesto de un sueño te lleva a entenderlo en sus características más profundas?

La licencia que me he tomado, abordar la novela del escritor praguense como si fuera el relato de un sueño, ya que no en vano muchos de sus críticos han señalado las grandes similitudes de sus textos con la producción onírica, me ha facilitado su lectura psicoanalítica. Es cierto que se trata solo de eso, de una licencia, que si bien considero un recurso válido, de ningún modo es indispensable para afrontar tal cometido. Son numerosísimos los ejemplos de interpretaciones psicoanalíticas de cuentos o novelas que, sin más trámites ni variantes, parten lisa y llanamente de la narración como tal, desde la que se procura leer entre líneas.

Respecto a tu análisis de El Proceso de Kafka, en varios momentos expresas querer descubrir el contenido Latente, pese a no contar y a diferencia de lo que ocurre en un tratamiento psicoanalítico, con la ayuda de las asociaciones libres, pero (dices) “no ha impedido el intento de llevar a cabo nuestro propósito”. ¿Puedes expresar tu criterio?

Al tomar el relato como un sueño, y a falta de asociaciones libres, cuento con el simbolismo y con los múltiples conocimientos que nos proporciona la teoría y la práctica psicoanalítica para, nunca mejor dicho, aplicarlos tentativamente en una indagación de los contenidos profundos de la narración. Encontramos probables subrogados parentales, mecanismos de proyección y desplazamiento, etc., que parecen a todas luces obedecer a la lógica del inconsciente y que me he encargado de explicitar pormenorizadamente en mi artículo. Pero dispongo también de lo que considero un requisito fundamental, sin el cual mi trabajo a mi juicio perdería toda credibilidad, y que compensa en parte la inevitable ausencia de asociaciones libres: el indispensable conocimiento del contexto al que pertenece esta creación literaria (que admite un paralelismo con el de un analizando), entendiendo por tal sobre todo la cultura de la época en la que fue concebida, la situación de los judíos (Kafka era judío), etc., a lo que hay que agregar: el resto de la producción del praguense (me he dedicado a leer la casi totalidad de su obra, que no es demasiado extensa, puesto que murió joven) y, muy en especial, su biografía, de la que tengo que decir que a lo largo de varios años he leído muchas, muy minuciosas y bien documentadas (destaco por encima de todas la monumental creación de Reiner Stach). Y a todo esto he de añadir que, si bien toda obra literaria tiene siempre elementos autobiográficos, en el caso particular de Frank Kafka esto alcanza su máxima dimensión. (Uno de los proyectos que acaricio desde hace años es llegar a redactar la biografía psicoanalítica de Kafka).
Con todo este bagaje, mientras leía El proceso, fui prestando atención a mis propias ocurrencias (“contratransferenciales”), que me ayudaron a pergeñar mis hipótesis acerca del contenido latente del relato. Finalmente fui comprobando que todos los caminos me conducían al Edipo y la castración.

Cerca del final de tu texto y citando a Rascovsky hablas de la Circuncisión, de que la “circuncisión ritual judía constituye una forma atenuada de filicidio” ¿Puedes ampliar?

Para ello lo mejor será remitirnos al mito bíblico en el que se origina la circuncisión ritual judía, cosa que ya hice en mi artículo: en el Génesis, Dios le exige a Abraham que le demuestre su amor y lealtad matando a su hijo Isaac. Cuando se dispone a hacerlo un ángel lo detiene, dado que para Dios la conducta de Abraham ya es suficiente muestra de su amor; pero a cambio de la matanza del hijo le ordena circuncidarlo. Es la pars pro toto. No obstante no falta una matanza, que por desplazamiento recae en un carnero, el que será sacrificado.
Es difícil encontrarse con un argumento más contundente para sostener la afirmación a la que aludes en tu pregunta. (Abraham incurrirá también en otro acto de naturaleza filicida, como lo fue el abandono de su hijo Ismael).
Así se inicia entre los judíos este ritual cruento, que persiste hasta nuestros días. El “pacto” con Dios, como sabemos, no se limita al primogénito sino que abarca a todos los hijos varones.
Rosolato dice que nuestra civilización occidental se inicia con este acto filicida que le ordena Dios a Abraham.

¿Que otros elementos significativos remarcarías en tu artículo?

En primer término, además de lo que concierne al filicidio, está claro que básicamente refrendo la universalidad del complejo de Edipo y el complejo de castración, que se expone a lo largo de la historia de la humanidad en creaciones tan variadas como los mitos, la literatura o el cine.

He querido además ilustrar por un lado con Edipo rey porque en la obra de Sófocles el drama edípico es explícito, a diferencia de El proceso, en el que, según mi opinión, es dable detectar el complejo situado en un nivel inconsciente, reprimido, similarmente al Hamlet, de Shakespeare, tal como lo señalara el propio Freud.

Por último, he querido además mencionar la existencia de un notable y llamativo paralelismo entre el contenido de varias de las obras de Kafka y las de Freud de la misma época. Las teorías freudianas se ven reflejadas, a mi parecer, en las magistrales aunque nada ampulosas descripciones literarias del escritor de Praga.

Agradecemos tu colaboración, y ya pronto tendremos la ocasión de leer tu artículo premiado.

Este artículo será publicado próximamente en el libro «Trabajos premiados en el IV Premio Ángel Garma».

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