Presentación del artículo de Anna Casino

Cuando le propuse a Anna Casino dar una sesión clínica en el Col•legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya no era consciente de lo que realmente ha resultado ser. Me he dado cuenta al leer su artículo, que publica Intercanvis en este apartado de Invitats.

En principio se trataba de mostrar a los colegiados y profesionales del campo de la psicología clínica y psicoterapia cómo se trabaja en un centro público, sosteniendo una escucha psicoanalítica. También me parecía importante dar cuenta de un aspecto muchas veces negado —o desestimado—: que la problemática de género requiere una escucha específica, que tenga en cuenta los aspectos diferenciales que le conciernen.

Anna Casino tiene una larga y profunda experiencia profesional, realizada en un centro público de atención a mujeres (CASSIR), en el que atiende problemáticas agudas, severas, urgentes, pero también, con una perspectiva preventiva y comunitaria, que engloba a pacientes de todas las edades y condiciones sociales.

El artículo que vais a leer trata precisamente de estas cuestiones: cómo una profesional experimentada y especializada, acompaña terapéuticamente a chicas adolescentes, en su particular situación personal y familiar, sosteniendo la vulnerabilidad en la que se hallan, cuando, de forma imprevista, quedan embarazadas. Una problemática actual, delicada donde las haya, que tiene múltiples aristas y consecuencias: en la propia adolescente, en su compañero o pareja sentimental (o agresor sexual), pasando por los padres y familia extensa hasta, por supuesto, en la posible futura criatura. Todo un reto asistencial de un síntoma intersubjetivo que, además, está estigmatizado socialmente.

Sin embargo, como os decía, hay algo más en este trabajo de Anna Casino. Y tiene que ver con cómo pensamos los psicoanalistas la clínica actual. ¿La pensamos desde los paradigmas teóricotécnicos que nos han formado durante los últimos decenios? ¿La aplicamos según lo que estudiamos y aprendimos en nuestros procesos personales y grupales? ¿La estamos cuestionando cuando, ante estas problemáticas (por llamarlas de alguna manera) nos situamos según nuestro singular parecer ético y clínico? ¿Este cuestionamiento sería una modificación/adaptación inevitable, o una alteración que quiebra los ejes fundamentales sobre los que se sostiene la práctica psicoanalítica?

Estas y muchas otras reflexiones me ha suscitado el presente artículo. Me ha parecido que, efectivamente, la clínica —en especial, pero no solo, el manejo técnico— se nutre y evoluciona según la casuística de los y las pacientes que atendemos; según los tiempos sociales en los que realizamos nuestra práctica y, también, según los prejuicios que arrastramos acerca de lo que se puede o no se puede hacer (con los pacientes). Se me ocurre que vendría a ser algo así como sostener, ciertamente, una neutralidad con el paciente, pero relativa con la llamada «teoría de la técnica». Esto implica, inevitablemente, un cierto malabarismo que, por suerte, nos obliga a ser más creativos y menos complacientes con lo establecido. A mi modo de ver, la única manera para avanzar en los retos que las consultas actuales nos plantean.

Regina Bayo-Borràs
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