Presentation of article «The art of psychoanalysis: about oscillation and other issues» by M. Robert Gardner

[Text in Spanish]: M. Robert Gardner. M.D., es miembro didacta y supervisor del Psychoanalytic Institute of New England, en la costa Este de los Estados Unidos. El presente trabajo fue leído ante la sesión plenaria de la reunión anual de la American Psychoanalytic Association que se celebró en la cuidad de San Francisco (U.S.A.) en l989, y publicado en su libro Hidden Questions Clinical Musings (l995).1

Se trata de un artículo denso —su autor me comunicó que debió condensarlo por razones de espacio— y no siempre fácil. Sin embargo, disfruté de su lectura, más aún, me divertí leyéndolo. En sus líneas parece moverse un espíritu juguetón, pero de los que consideran que el juego es algo muy serio. Juegos de palabras que le sirven para describir con fina ironía —no exenta de calidez y afecto— las debilidades de los psicoanalistas, que no son otras que debilidades humanas.

Especial interés tiene la advertencia que hace Gardner acerca de la escasa atención prestada por la literatura psicoanalítica al funcionamiento de la mente analítica. Se construyen y perfeccionan teorías en función de los pacientes, pero no se piensa en la mente que usará esas teorías.

Creo que la inquietud de Gardner es compartida, por lo menos por algunos psicoanalistas. Hace un año, Ramón Riera, al presentar en esta misma sección un artículo de Bacal y Thompson,2 señalaba lo poco que se habla de los aspectos de la personalidad del analista que influirán en el despliegue del proceso psicoanalítico.

Gardner sostiene que siendo la mente humana una incansable buscadora de polaridades, opuestos, disparidades y disyuntivas, está también constantemente tratando de unir aquello que ha separado. Aunque no siempre es consciente de esta tendencia sintetizadora; aunque intente estabilizarse en una modalidad de funcionamiento, la opuesta estará presente aunque sea de «contrabando». Los psicoanalistas no son una excepción. El arte de contrabandear, según Gardner, es quizás una de nuestras artes más importantes. «¡No confíen en los analistas que niegan que contrabandean!» nos aconseja. Lo que nos hace falta y a menudo descuidamos, es saber qué, cómo y cuándo contrabandeamos.

Gardner nos conduce por una nutrida galería de retratos de analistas en la que seguramente podremos reconocernos en más de una ocasión. «Si observamos las luchas de Freud —dice Gardner— para unir afecto e idea [observaremos] un espejo de nuestras propias luchas».

La galería de retratos por la que nos lleva Gardner, es una galería de polaridades psicoanalíticas y de las diferencias que existen en los modos de funcionamiento. Nos aclara que no pretende referirse a puntos ciegos ni a problemas contratransferenciales. Tampoco se trata de lo que «sabemos» sino de lo que «hacemos» en nuestra práctica. Quiere hablar de las diferentes aptitudes y predisposiciones de los analistas.

Gardner considera que la comunidad psicoanalítica parece reacia a aceptar las diferencias: idealiza equilibrios imposibles y olvida que lo propio de la mente es alcanzar equilibrios transitorios, que son una suma de cortos desequilibrios. «Las constancias mecánicas —nos dice— pueden ser un purgatorio en el cual es mejor no estar.»

La mente analítica en movimiento no es ni desenfrenada, ni estática, ni está en oscilación pendular. Sigue caminos tortuosos por los que deambula, tropieza, salta. Estos movimientos, variados y característicos de cada analista, configurarán el desarrollo de cada análisis.

«… Tracemos cuidadosamente el mapa […] de los movimientos de un polo al otro de un analista y habremos trazado el mapa de la teoría, método y carácter de ese analista.»

En el título Gardner nos habla de «El arte del psicoanálisis», quizás porque lo más usual es referirse a él como una ciencia. En la tercera parte de su artículo prefiere el término arte-ciencia. El guión que une ambos términos tradicionalmente antitéticos, y que haría del psicoanálisis un arte-ciencia es la «atención libre», expresión que Gardner prefiere a la de «atención flotante» u otras en uso, por su afinidad con «asociación libre».

La atención libre es la herramienta que nos permite «buscar la fluidez disciplinada del juego polar». Una bien balanceada atención libre nos libera de la oposición entre intuición y conocimiento, pensamiento y afecto, pasado y presente… O sea, que nos protege del riesgo de quedar perdidos en uno de nuestros polos.

Gardner finaliza su artículo con una serie de críticas dirigidas a revisar el mito aún vigente del analista como un observador neutro, imparcial y equidistante. Podemos estar muy satisfechos —señala— con todo lo que hemos observado durante un siglo. No así «con lo que sabemos acerca de cómo observamos».

Científicos, artistas, epistemólogos podrían criticarnos que parecemos ignorar que el observador influye en lo observado; que nuestras visiones psicoanalíticas son relativas; que hay una serie de organizadores —filosofías, éticas, sensibilidades, intereses, etc.— que prescriben qué y cómo se explora.

«Fracasando en poner más atención a cómo ponemos atención, hemos fracasado en el aprendizaje de mucho de lo que estorba y facilita nuestra atención libre. No conociendo nuestro arte, corremos el riesgo de perderlo.»

Gardner reconoce que los críticos son un poco duros. Y creo que él también lo es, aunque esgrime razones que lo justifican. Nuestros intentos por subsanar nuestra ignorancia son aún demasiado tímidos. Tal vez porque, como él dice: «Observar cómo observamos no es imposible, sólo doloroso». El «club» de los analistas no es diferente al de los otros mortales cuando intenta eludir realidades dolorosas. Pero Bion nos recuerda que la capacidad de percibir la realidad, aunque sea dolorosa, es señal de buena salud mental.

Agradezco al Dr. Gardner su amable autorización para la publicación castellana de su artículo, y su disponibilidad para ampliar o profundizar en su contenido.

Notas

1. Publicado por The Analitic Press, l995, p. 851.

2. Riera, R. (1998). «Presentació de l’article de Howard A. Bacal i Peter G.Thompson». Intercanvis, papers de psicoanálisis. Nº l.

Malisa Derendinger
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