The potential space, now, undoubtedly, a shared space with Rosa Velasco

[Text in Spanish]: Es una experiencia muy grata que alguien comente un artículo que uno ha escrito con la esperanza de que al menos hubiera un lector y sirviera para el intercambio de ideas. Es una aspiración muy legítima para un psicoterapeuta o psicoanalista, porque en ello se basa su trabajo con los pacientes, en el intercambio de ideas y en el ir y venir de sentimientos. También es muy grato que alguien, Rosa Velasco, salga al encuentro; ¡qué importante es que de vez en cuando y durante toda la vida alguien salga a encontrarnos, que diría Winnicott, o que alguien nos promueva la especularidad (transferencia especular, que diría Kohut)!

¿Por qué me interesa el espacio potencial?; porque su propio concepto me estimula a pensar en capacidades que están por desarrollar, y también me hace pensar en la creatividad, creatividad en el sentido de sentirse vivos. Esto no significa yacer en un estado permanente de genialidad ni mucho menos, significa crear y recrear en el trabajo cotiadiano. La ilusión de que uno aprende de sus pacientes cada día, que las sesiones con los pacientes son semejantes pero no idénticas, como ya sugería Bion al decir que cada sesión es nueva. Sentirse vivo es estar en disposición de aprender; cuando uno cree que aprende o reaprende es que ya empieza a saber algo, aunque sea poco.

No se crece a base de forzar el ser mayor sino aceptando el ser pequeños, aceptando y sintiendo, por ejemplo, la vergüenza que Rosa Velasco enfatiza en estos comentarios y en otros trabajos que ha llevado a cabo al respecto. Pero no se pueden empujar los sentimientos del paciente; éstos se han de facilitar, pero no hay prisa. El trabajo analítico, aunque les pese a los paladines de la ciencia, es artesanal, como la vida misma. El paciente, el ser humano, necesita aceptación y el reconocerse querido. Esto que parece sencillo puede necesitar tiempo. La paciente de Rosa Velasco necesitó posiblemente del trabajo continuado y sostenedor de su terapeuta, que en gran parte pudo llevarse a cabo por la técnica (que incluye la interpretación), por el setting y sobre todo por la empatía de ésta, y claro está, por tener una disponibilidad sin prisas (a poder ser).

Rosa Velasco no está de acuerdo —en la forma más que en el fondo—, cuando digo que de alguna manera se ha de poder objetivar el amor y el odio. Ella prefiere decir que ayudamos a los pacientes a que se desarrolle el proceso de subjetivación que estaba en déficit. Bien, yo creo que el paciente debe poder pensar en él mismo y en sus objetos externos con sinceridad, que incluye el poder hablar de daños reales o errores cometidos en su infancia. El analista debería, si es posible, estarse quieto antes que ponerse a interpretar con demasiada pasión en términos de proyecciones. Es posible que lo que con ello se fomente sea la subjetividad del paciente, como Rosa Velasco afirma. Lo importante, en el fondo, es que el paciente se podrá hacer cargo de sus culpas y de su agresión si pudo reconocer también los daños causados a su persona, y tal vez entonces podrá perdonar y perdonarse, y por lo tanto reparar.

Rosa, inter-nos, sigamos cuidando el espacio potencial para que otros lo puedan compartir.

Francesc Sáinz
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