En recuerdo de Clara Arnó Bertran

Despidiendo a Clara

«Ser uno hasta en la muerte: he ahí el supremo consuelo.
Antes de dar el paso hacia la sombra, el mortal se reconoce
y entra al vacío con el gesto de su vida»
Rainer M. Rilke

Nos dejó y preparó para su ausencia, con ese estilo de ella, sencillo, profundo, mezclado con ese sentimiento triste por tener que abandonar la vida, que tanto amó.

Clara, siempre dispuesta al diálogo, a acompañar, a decir con espontaneidad lo que pensaba, con esa capacidad de decir con soltura, «no lo sé», buscando dar una respuesta inteligente, afectuosa.

Era amiga, compañera. El vínculo que tuve con ella fue privilegiado, hondo, sincero, cuidadoso, amable. Qué duda cabe que se contrariaba, pero solía enfrentar los enfados con un cierto humor. Humor que cultivaba, porque pensaba que, si a la vida no se lo ponía algo de chispa, sería excesivamente tediosa.

Las conversaciones con ella eran largas: la familia, la política, el teatro, el cine. Lugar relevante el psicoanálisis: «nuestra pasión».

Siempre presente nuestro país, al que llegó siendo muy pequeña. Sus recuerdos escolares, con esas poesías y canciones que recordaba. La universidad, aquellos profesores de los que hablaba con cariño y admiración.

Clara había nacido en Barcelona y retornó cuando Argentina padecía una dictadura feroz.

No fue fácil aquella época… pero el deseo hizo renacer ilusiones, y recibir gustosamente la acogida brindada.

Su familia fue vital para ella. Su esposo, compañero de vida, estuvo a su lado y hasta el final, con cuidado y amor. Sus hijos, sus nietos, de los que se sentía orgullosa.

Decir de Clara psicoanalista requiere mencionar aquellos espacios en los que participó activamente: Práctica Freudiana, Invención Psicoanalítica, la “escuelita” (EPNA)
—donde desempeñó tarea docente—, los diferentes centros
—donde se desempeñó como supervisora—, las jornadas
–con presentación de trabajos–, o los grupos de estudio.

Aceptó gustosa, ya afectada por la enfermedad, participar en la sesión inaugural de “Intervenciones en la Infancia”. Su trabajo se titulaba “el deseo de no saber”. Le gustaban “las tablas”, así lo decía.

Le era fácil la comunicación, y aún más la transmisión, que hacía de una manera clara (haciendo honor a su nombre), rigurosa, siempre dispuesta a recibir la palabra de los otros.
Los tiempos de cambio nos conmovieron. Largas conversaciones nos atravesaron y allí se nos hizo evidente aquello que sabíamos: la condición subjetiva está supeditada a la variación histórica, la escena histórica donde se despliega la vida del sujeto.

Nos preguntábamos por los niños, los padres, los abuelos, la escuela.

Los cambios que sucedían a un ritmo vertiginoso eran un buen motivo para diálogos intensos.

En ningún momento manifestó optimismo para desembarazarse de lo que acontecía, pero tampoco pesimismo por algo perdido.

Su impronta permanecerá, ocupó un lugar destacado como psicoanalista en esta ciudad, demostrada tanto en su práctica privada como en la tarea docente.

No te olvidan tus amigas, tus amigos, los de aquí y los de allá.

Su ausencia hoy está llena de estas palabras, que no son un homenaje, sabía que no eran de su agrado. Son de agradecimiento, por tu entrega a la amistad, por tu profundo sentido de la misma.

Estás muy presente.

Hasta siempre Clara.

Ana Mercedes Molinaro Maturano
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