Presentación de Javier Peteiro

El artículo de nuestro invitado Javier Peteiro Cartelle sobre «La ciencia y la dominación autoritaria del sujeto» corresponde a la conferencia inaugural del VI Simposio de la Sección de Psicoterapias Psicoanalíticas (F.E.A.P.), celebrado en la Residencia de Estudiantes de Madrid, el pasado 19 de octubre de 2013.

El tema del simposio estaba dedicado a «Las situaciones difíciles en el proceso psicoterapéutico», invitando a psicoanalistas de distintas asociaciones miembro, y por consiguiente, de líneas teóricas diferentes, a participar con sus ponencias para, una vez más, dar cuenta y compartir entre colegas su práctica clínica y su reflexión teórico-técnica.

Podéis ver el programa completo en http://www.feap.es/n-249-seccion-de-psicoterapiapsicoanalitica-de-feap

En ese contexto temático, eminentemente clínico, se situaba, sin embargo, la conferencia de J. Peteiro, autor del libro El autoritarismo científico, con el fin de reflexionar acerca de la deriva que la Ciencia, con mayúscula, está imponiendo en el estudio de lo que concierne a lo humano. Se trataba, pues, de abordar lo que J. Peteiro llama la «reducción cientificista del sujeto», una situación también especialmente difícil, para el sujeto, y por momentos algo inquietante, tal como el autor advierte en su interesantísimo libro: «[…] la ambición científica [es] la de predecir todo lo humano y transformarlo según criterios de normalidad definidos desde la propia ciencia» (Peteiro, 2010: p. 13).

En este sentido, si las situaciones difíciles durante el proceso psicoanalítico se hallan condicionadas por múltiples y diversos factores —en especial por las características del paciente, las del analista, y por las condiciones de realidad en que se realicen dichos procesos— también van a estar afectadas por el imaginario científico-centificista en el que es colocado el psicoanálisis.

Nuestra disciplina atraviesa, una vez más, una situación extremadamente difícil y de gran vulnerabilidad. Y sin embargo, resiste. Muchos dirán ¿y cuándo no fue así?, como si las condiciones de posibilidad para la integración del psicoanálisis entre las prácticas psicoterapéuticas no pudieran darse más que —paradójicamente— desde la marginalidad, o incluso desde la exterioridad al llamado pensamiento científico.

Esta situación de marginalidad/exterioridad del psicoanálisis se constata día a día en los dispositivos asistenciales públicos, cuando por ejemplo, para la atención de pacientes, en especial de aquellos con patologías graves (tanto niños como adolescentes y adultos), suele predominar el tratamiento farmacológico y la implementación de protocolos basados en la denominada evidencia científica, dejando de lado la aproximación psicoterapéutica psicoanalítica, si es que todavía queda rastro de ella.

Sería objeto de una reflexión más extensa adentrarnos en las condiciones en las que se realiza la práctica clínica psicoanalítica, así que, dadas las coordenadas de realidad en que nos encontramos, veamos qué nos dice J. Peteiro en su artículo: yo entiendo que algo así como que la ciencia tiene mucho que decir, pero también, mucho que ignorar en lo que concierne al sujeto.

¿Cómo invitaros a leer el artículo de Javier Peteiro?

Quizá presentando sucintamente lo que a mi modo de ver constituye su principal línea argumental: el imparable cientificismo actual genera importantes consecuencias negativas que afectan a la comprensión de la subjetividad humana, porque sustentándose en potentes recursos políticoeconómico-ideológicos, la ciencia ha pasado de ser algo que usamos a convertirse en algo que nos usa. Así de claro y contundente.

Pero aun con todo su poderío, la ciencia se topa con algunos límites interesantes cuando se ocupa de lo humano, que, aunque difíciles de discernir, cantan por sí mismos. Peteiro los enfoca directamente: el manejo del tiempo, el azar, y las características de la subjetividad. Se trata de un poder que, según él, ya dispone de vida propia, y que está logrando dominar al sujeto, a través de la clasificación de lo psíquico, y de confundir lo genético y neuronal con lo subjetivo, por lo que solo se avanza hacia un mayor desconocimiento de lo individual. Vaya panorama. Pero, ¿se le puede poner un cascabel al gato?

Una dificultad de la ciencia

Este planteamiento de que la ciencia tiene un enfoque ingenuo y arrogante que le hace olvidar —o quizá renegar— la dimensión inconsciente del sujeto (del que investiga y del investigado) me recuerda el artículo de Freud «Una dificultad del psicoanálisis», en el que reflexiona sobre las resistencias contra la teoría psicoanalítica, señalando que no se refería a una dificultad de orden intelectual que impidiera entender el psicoanálisis, sino a una «dificultad afectiva» (Peteiro, 2010: p. 135), en la que el yo del sujeto no quiere admitir que no es el amo en su propia casa. Esta afrenta a su amor propio explicaría que no se tenga simpatía por el psicoanálisis y que se «obstine a rehusarle su crédito».

La ciencia y el cientificismo, sabemos, gozan de buen crédito. Por lo tanto, es esperable que no muestren especial simpatía por el psicoanálisis, y mucho menos cuando la dimensión inconsciente del sujeto pone contra las cuerdas su saber y, por tanto, su poder. Sin embargo, la ciencia —como el psicoanálisis— también resiste. ¡Cuántas e interesantes resistencias!

Porque, como plantea Peteiro, la ciencia estaría llenando un vacío debido, entre otros importantes cambios sociales, al declive de las creencias religiosas; esta circunstancia la situaría como objeto de gran admiración, ya que se la vería como «la única vía al conocimiento y la única solución posible a todos nuestros problemas».

Sin embargo, más que solucionar nuestros problemas, lo que produce son efectos nocivos, pues se está considerando superfluo lo que no es expresable científicamente. De esta manera, a la ciencia se la está considerando como la gran esperanza y la única creencia (Peteiro, 2010: p. 17).

Entonces estaríamos asistiendo a un fenómeno algo inquietante e imprevisible, el de la transición de la cientificidad a una suerte de «cientificideidad». Porque el autoritarismo científico —esta cientificidad presentada como una nueva deidad— estaría sostenido por la idealización de una forma de conocimiento determinada, cuya condición de existencia se basa en que anula, sustituye y descarta cualquier otra forma de conocimiento de lo humano.

¿No será esta, efectivamente, la mejor solución para llenar ese vacío dejado por las creencias religiosas? De esta manera ya se podría recuperar un estado de creencias fiables (¡sic!), ya habríamos logrado llenar el horror vacui, y —no menos importante— dispondremos de otro vellocino de oro que enriquezca a todo quien le adore. No hay como ir hacia adelante para encontrar que se sigue mirando atrás.

Si son tiempos de gran vulnerabilidad para el psicoanálisis, la ciencia, sin embargo, tampoco lo tiene fácil. Ni gracias a la bioquímica, ni a través de protocolos, puede conseguir lo que pretende: ceñir la dimensión pulsional del sujeto. Este, naturalmente (o mejor dicho, inconscientemente), planta cara a este imperialismo científico al persistir con sus síntomas y malestares, al remodelar sus formas de sufrimiento psíquico, que, a través de lo imprevisible y de las sorprendentes manifestaciones proteiformes de lo inconsciente, muestra que lo inconsciente tiene y, simultáneamente, no tiene, creencia religiosa alguna.

¿La subjetividad contemporánea puede llegar a amenazar la escalada cientificista? ¿Puede la reacción de la ciencia ser cada vez más virulenta? No hace mucho leía que se implantarán chips en el cerebro para reducir determinados actos compulsivos, suprimir adicciones, encauzar las emociones más intempestivas.

Tal vez dicha dominación se produciría precisamente porque el sujeto se escapa a los dominios y control de la ciencia, lo cual contribuiría a que en cierta medida, esta haga la deriva cientificista en lo relativo al factor humano. Vendría a ser como una respuesta «reactiva», por decirlo de algún modo, ya que el sujeto, a través de sus malestares y dolencias subvierte sus dominios. Y esta, en consecuencia, no ha de cejar en su frenética lucha por continuar siendo considerada como «His Majesty the Science».

En definitiva, Javier Peteiro ha abierto un interesante camino para reflexionar sobre las situaciones difíciles en la articulación del psicoanálisis con el pensamiento científico.


Bibliografía
Freud, S. (1917). Una dificultad del psicoanálisis. Obras Completas. Tomo XVII. Amorrortu Editores.
Peteiro, J. (2010). El autoritarismo científico. Málaga: Miguel Gomez Ediciones.

Regina Bayo-Borràs
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